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Publicado en Espiritualidad

 Movidos por el espíritu de fe podemos descubrir a Dios y ver cómo se nos revela en nuestra vida. Gracias a él,  leemos nuestra historia diaria como historia de salvación y encontramos en Dios el sentido último de lo que hacemos.

Juan Bautista de La Salle presenta a sus Hermanos la imagen “laical” de Dios, el Dios de la historia, el que guía todas las cosas con sabiduría y suavidad y no acostumbra forzar la inclinación de los hombres. El Dios que se encuentra en la vida cotidiana, el que está en la comunidad reunida en su nombre; el Dios que les espera en el corazón del quehacer escolar, el que viene a ellos en los pobres, pues son sacramento suyo y también el que hace de estos Hermanos sacramento suyo para los pobres. En su éxodo, sale de la compañía de los ministros sagrados y se reúne con un grupo de laicos que no tienen más sacramentos que los de la iniciación cristiana. Desde la fe contempla la acción del Espíritu Santo a través de estos maestros y comprueba que el gran Don de Jesucristo a su Iglesia se hace efectivo en ellos.

Animados por el espíritu de fe, vivimos nuestro quehacer educativo como el momento privilegiado de encuentro con Dios: en ese momento podemos sentirnos con la Trinidad, creando, salvando, santificando. En ese quehacer tan profano como sagrado experimentan los Hermanos la plenitud de su consagración religiosa. Los tiempos de oración y celebración profundizarán esa misma experiencia, para contemplar a Dios que nos convierte en instrumentos suyos, para agradecer lo vivido, para abrirnos a sus inspiraciones y prepararnos para ser mejores ministros.