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Nuestro Fundador(Espiritualidad Lasallista)

Escrito por Oficina Nacional La Salle Venezuela. Publicado en Espiritualidad

La Espiritualidad lasallista se asienta sobre la experiencia del encuentro con Dios que ha tenido Juan Bautista de La Salle, desarrollándose como una “espiritualidad de la mediación”, pues descubre a quienes la seguimos como instrumentos en la Obra de Dios, como mediadores de sus obra salvadora con los jóvenes, con las personas que servimos, ministros y representantes de Jesucristo, palabra viva de Dios para aquellos a los  que somos enviados…

En la experiencia de comunidad vivida por San Juan Bautista de La Salle con sus Hermanos laicos, ha transmitido una espiritualidad que ha sintetizado en la expresión “espíritu de fe”, “fe y celo” que es una actitud existencial que engloba toda la vida, un modo de situarse en el mundo y de buscar y encontrar a Dios.

 Movidos por el espíritu de fe podemos descubrir a Dios y ver cómo se nos revela en nuestra vida. Gracias a él,  leemos nuestra historia diaria como historia de salvación y encontramos en Dios el sentido último de lo que hacemos.

Juan Bautista de La Salle presenta a sus Hermanos la imagen “laical” de Dios, el Dios de la historia, el que guía todas las cosas con sabiduría y suavidad y no acostumbra forzar la inclinación de los hombres. El Dios que se encuentra en la vida cotidiana, el que está en la comunidad reunida en su nombre; el Dios que les espera en el corazón del quehacer escolar, el que viene a ellos en los pobres, pues son sacramento suyo y también el que hace de estos Hermanos sacramento suyo para los pobres. En su éxodo, sale de la compañía de los ministros sagrados y se reúne con un grupo de laicos que no tienen más sacramentos que los de la iniciación cristiana. Desde la fe contempla la acción del Espíritu Santo a través de estos maestros y comprueba que el gran Don de Jesucristo a su Iglesia se hace efectivo en ellos.

Animados por el espíritu de fe, vivimos nuestro quehacer educativo como el momento privilegiado de encuentro con Dios: en ese momento podemos sentirnos con la Trinidad, creando, salvando, santificando. En ese quehacer tan profano como sagrado experimentan los Hermanos la plenitud de su consagración religiosa. Los tiempos de oración y celebración profundizarán esa misma experiencia, para contemplar a Dios que nos convierte en instrumentos suyos, para agradecer lo vivido, para abrirnos a sus inspiraciones y prepararnos para ser mejores ministros.