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ATROFIA PROFESIONAL

Escrito por Hno. Pereda. Publicado en Pastoral y Pedagogía

Vivimos en la era de la velocidad tecnológica. La competencia  en el mundo de la producción, la información y la comunicación, nos está deslizando a todos por un tobogán con la rapidez meteórica de una contienda galáctica.

Ante esta situación, no tenemos sino dos alternativas: incorporarnos a los viajeros del tobogán o contemplar plácidamente el paso vertiginoso de quienes viven el ritmo de la historia.

 

Sin pretender que esta reflexión caiga en los extremos señalados, será bueno recordar que, como educadores, no podemos permanecer indiferentes a los cambios sociales, muchos de ellos derivados de cambios tecnológicos.

En educación, se vive el pánico de la innovación porque atenta contra un “sedentarismo” que colma todas nuestras aspiraciones y nos permite vivir en el remanso pacífico del nido del perezoso, o en el hogar sagrado de lo “propio”, lo personal, lo individual.

No podemos caer en el error de:

-Atentar contra una realidad, historia de hoy, vivida por el alumno y el mundo que lo asedia.

-Olvidar el presente y seguir teniendo en cuenta el pasado para iluminar nuevos caminos.

-Ver las cosas desde una  perspectiva histórica irreal, inadecuada, desfasada.

-Querer imponer soluciones al presente desde teorías o principios únicamente  válidos en el pasado.

-Desconocer la evolución del pensamiento social, del comportamiento humano y del dinamismo interpretativo de la ética humana.

-Negar la capacidad creativa de las nuevas generaciones que se rebelan contra estructuras estáticas prefabricadas y reductoras.

Nos toca, pues, a todos los educadores, y principalmente a los educadores católicos, vivir una actitud de alerta renovadora en lucha constante contra el facilismo, la comodidad, el inmovilismo, la flojera y el indiferentismo para así:

-Dar una respuesta actualizada a inquietudes y planteamientos.

-Orientar desde lo que se vive, se interpreta, se analiza y se discute.

-Ser siempre elemento de referencia, como quien posee o está en búsqueda de la verdad.

-Poseer la capacidad de analizar situaciones nuevas desde un contexto histórico actual, encarnado en una realidad social dinámica.

-Iluminar el camino de niños y jóvenes desde la luz de la verdad del Evangelio, cuyos principios éticos y morales gozan de permanente vigencia.

La invitación es a involucrarnos en procesos de renovación y actualización para evitar caer en esta fatídica atrofia profesional.

Hno. José Pereda Núñez