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Comunidad Educativa

Escrito por Hno. José Pereda Núñez. Publicado en Noticias

INTRODUCCIÓN

«La verdad es que podemos sufrir por lo que nos falta; mas sólo por aberración, aun si paradójicamente sentimos nostalgia, podemos echar de menos lo que fue el edificio  religioso del pasado. El esfuerzo al que este edificio respondió no fue más que un  inmenso fracaso; y, de ser verdad que falta lo esencial en el mundo donde se derrumbó,  no podemos sino ir más lejos, sin imaginar, aunque fuera por un instante, la posibilidad de  un regreso hacia atrás.» (Jean-Luc-Nancy,1983)

Refiriendo esta cita a la educación, podemos deducir que nos invita a reflexionar sobre la importancia de mirar siempre hacia adelante para no cometer el error de creer que la educación impartida antes era mejor. A tiempos distintos les corresponden respuestas diferentes y si esto no es así, podemos cometer el desacierto de caminar con rumbo desconocido y, casi seguro, equivocado.

Una Comunidad es “un grupo de personas asociadas con el objeto de llevar una vida en común, basada en una permanente ayuda mutua". El grado de vida común y de ayuda mutua varía ampliamente según la comunidad. Y todo esto porque educar en común es obra de todos.

Seguir haciendo lo mismo, siempre ha sido la tarea más fácil para las personas y para las instituciones.

 

En educación nos hemos sentido muy a gusto haciendo las mismas cosas, con el único esfuerzo de mejorar métodos y recursos  pedagógicos y tecnológicos. Todo esto nos ha llevado a concebir una educación distinta y mucho más eficiente. En algunos aspectos podemos decir que tenemos razón. Lo que cabe preguntarnos es si acaso no estamos equivocados al referirnos a un tipo de educación que conduce a formar profesionales de alto prestigio y rendimiento que, en la mayoría de los casos sus esfuerzos quedan en un ámbito personal en un mundo globalizado que lo que busca es competencia, producción, superación y avance tecnológico. Para los Hermanos de La Salle esta no es la educación que nos toca impartir con exclusividad. Pero, claro, nos alienta el prestigio de ocupar un puesto relevante en la sociedad. Ni nos imaginamos que Juan Bautista de la Salle pudiera haber tenido pensamiento alguno en este sentido. Y entonces ¿qué estamos haciendo? Claro, decimos que los tiempos han cambiado y que hoy hay que ver las cosas de otra manera. ¿Ver las cosas de otra manera para desviarnos del verdadero carisma que nos dio origen?

Invitamos a seguir reflexionando  en algunos elementos que nos pueden ayudar a ver las cosas desde otros puntos de vista.

UNA COMUNIDAD FRAGMENTADA QUE CONDUCE A LA INOPERANCIA

Generalmente en nuestras instituciones somos muy cuidadosos en diseñar bien la estructura de funcionamiento para que todo “funcione bien”.El problema que se nos puede presentar es el entender qué queremos decir con eso de que todo funcione bien. Es fácil comprender esta expresión si lo que pretendemos es lograr una Comunidad Educativa bien organizada, sin muchos problemas y garantizando la existencia de buenas relaciones entre sus componentes. También esto es muy propio de empresas productoras.

Nuestras Comunidades educativas están, generalmente, fragmentadas en departamentos, coordinaciones, jefaturas, seccionales; estructuras que, si bien todas dependen de la Dirección del centro educativo, dicha dependencia es, generalmente,de matiz jerárquico. 

Otra cosa es concebir una Comunidad Educativa fragmentada pero con lazos o vínculos de unión interfragmentarios que permiten a quienes los componen, conocerse como personas y tener información de cómo funcionan y qué hacen. Esto traería importantes ventajas, tales como:

  •  Intercambio de experiencias
  •  Aportes mutuos
  •  Planificaciones conjuntas a nivel de Comunidad Educativa
  •  Mayor sentido de pertenencia institucional.

Aquí sí podríamos acotar el título del libro de Andrés Oppenheimer¡Basta de Historias!. La interpretación de este epíteto sería basta de pensar en cómo hemos hecho las cosas y decidirnos a emprender nuevos retos exigidos por la realidad presente.

Cuando al economista del BID Eduardo Lora se le preguntó por qué los latinoamericanos están tan satisfechos de la educación que reciben,respondió: “Están satisfechos sin fundamento. La mayoría de la gente en la región tiende a juzgar sus sistema educativo por la calidad de los edificios escolares o por el trato que sus hijos reciben en la escuela, más que por lo que aprenden”( 2001).

Triste realidad que coincide con lo que nos toca vivir. A los padres de nuestros alumnos les embelesa el prestigio de la institución escolar pero no les preocupa gran cosa la formación que recibirán en él, si no la relacionan con aquello de que sean grandes profesionales en el futuro.

De aquí se deriva la necesidad urgente de involucrar a la familia en la vida de la comunidad educativa, dándoles a entender el cambio radical que los nuevos tiempos exigen al proceso educativo. Si la familia sigue pensando que los tiempos pasados fueron mejores es porque no han asimilado los cambios que proponemos y nunca llegarán a tener el tan necesario sentido de pertenencia institucional.

ESTAR EN COMÚN, NO ES COMUNIDAD

No nos podemos permitir llamarnos Comunidad Educativa por el hecho de que vivamos “juntos” en un mismo centro haciendo las mismas cosas

Con frecuencia hemos afirmado que el centro educativo es un lugar de encuentro y esto puede ser cierto si tenemos como indicadores algunos de los siguientes:

  •  Nos encontramos porque compartimos los mismos principios.
  •  Nos encontramos porque nos comprometemos a trabajar juntos.
  •  Nos encontramos porque nos valoramos mutuamente y planificamos juntos.
  •  Nos encontramos porque compartimos el mismo estilo pedagógico.
  •  Nos encontramos porque creemos en una educación que nos es meramente académica.

Todo esto nos hace sentir bien porque son realidades que conocemos y hemos manejado muchas veces. Lo que realmente nos debe preocupar es constatar si estos principios que damos por válidos son tenidos en cuenta a la hora de encontrarnos para llevar a cabo juntos la misma misión.

Creemos que esta ideaes un toque de atención sobre la importancia de establecer planes, programas y tareas prácticas que lleven a término lo expresado en estos principios. A veces pareciera que quienes se encuentran en la Comunidad Educativa son los alumnos, olvidando que los motores del atinado dinamismo pedagógico formativo son los educadores.

COMUNIDAD EDUCATIVA ORIENTADA HACIA LA CREATIVIDAD FORMATIVA

De todo lo anterior podemos deducir que lo que debe ser propio de una Comunidad Educativa Lasallista, no es precisamente la obsesión por lo académico ni por el prestigio institucional.

La Comunidad Educativa lasallista es una escuela de formación que brinda al alumno la posibilidad de insertarse en el medio en el que vive:

  •  Conociendo su problemática  política, social y económica.
  •  Centrando su interés en un análisis crítico de esa realidad y no considerando prioritario el hecho de adquirir conocimientos. Lorenzo Botana lo dice muy bien cuando expresa que las aulas deben ser laboratorios desde los que se analiza la realidad.
  •  La Comunidad Educativa es una institución en donde todos los agentes involucrados en el proceso educativo tienen las mismas metas y entienden que educar es formar al ser humano para la vida, es decir para ser útiles con capacidad de servicio, utilizando sus logros en el aprendizaje como herramientas para mejorar la calidad de vida de las personas. Por supuesto que esto lleva como base una gran sensibilidad social.

Pareciera que estamos cayendo en lugares comunes y es cierto pero, con frecuencia, vivimos en una actitud de inercia y es tan poca nuestra sensibilidad por el cambio, que nos vamos por el camino más fácil para seguir haciendo siempre lo mismo. 

Si realmente pensamos en una Comunidad Educativa formadora, ¿dónde están nuestros planes concretos que den respuesta a las necesidades de los pobres?¿En qué forma estamos involucrando a educandos y educadores en proyectos de barrio, de poblaciones rurales o simplemente en ser creativos para encontrar formas de ayuda a los más necesitados? ¿Cuál es nuestra respuesta a las llamadas de la Iglesia y del Instituto? 

Una Comunidad Educativa debe entender que forma parte de otras comunidades que la rodean. No es una instancia de formación únicamente para atender a quienes acuden a ella  para formarse. Su apertura a la comunidad local es la que realmente la posiciona como centro de referencia y de irradiación de cultura. En un futuro no muy lejano el cambio en la estructura de funcionamiento va a ser transformado en forma sustancial ya que los medios sustituirán a los maestros en lo que toca al proceso de aprender. Tendrá entonces que constituirse en una institución capaz de atraer a niños y jóvenes ofreciéndoles formas originales de encuentro en donde predomine más el convivir fraterno que no les va a ser fácil encontrar en otros medios. Tendrá entonces la oportunidad de organizar procesos de formación más informales pero de  mayor contenido humano en donde predominen aquellos aspectos que les permitan encontrar verdadero sentido a su vida al descubrir y asimilar valores que no les va a proporcionar una sociedad vacía de los mismos.

COMUNIDAD EDUCATIVA ANTIEVANGÉLICA

Puede sonarnos muy duro el término pero vale la pena reflexionar sobre él. Una Comunidad Educativa antievangélica es una comunidad anclada en el pasado, cómoda con el presente y despreocupada por el futuro.Todos hemos oído la frase francesa pour faire la classe. Revela la rutina de simplemente dar clase. ¿Se correspondería esto con lo que el documento La Escuela Católica nos señala al hablar de la misión evangelizadora de la escuela afirmando que  la escuela católica …”Constituye una acción permanente de referencia explícita al Evangelio de Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de los educandos, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales”? (CF.EC 9).

Es probable que nos sintamos con la conciencia tranquila si nuestra Comunidad Educativa hace las cosas bien, imparte Catequesis, dispone de un Departamento de Pastoral y garantiza un rendimiento académico que denominamos bueno o excelente. Si estos instrumentos conducen a despertar en los educandos el interés por servir a quien más lo necesite y traducen esta inquietud en acciones concretas, podríamos decir que estamos ante una Comunidad Educativa preocupada por el presente que condiciona nuestro quehacer educativo. 

¿Hemos pensado seriamente en esos medios de comunicación virtual que usan nuestros alumnos y que en nada refuerzan ni valoran los planteamientos de una Comunidad Educativa que se esfuerza por formar cristianamente a sus educandos? ¿Qué programas tiene nuestra Comunidad Educativa para crear conciencia crítica acerca de su uso y darles elementos de análisis capaces de defenderse de los ataques feroces de esos medios que falseanlos principios más elementales de nuestra fe, de la dignidad humana y, en general, de la moral y buenas costumbres?

El futuro constituye un verdadero reto para toda Comunidad Educativa. Visualizamos un futuro como algo difuso, incierto, lleno de contradicciones y de interrogantes. El tema del aprendizaje tradicional pasará a un plano reservado a muy pocos. Los actuales y futuros adelantos en la tecnología cibernética serán el medio con el que se relacionen nuestros educandos. Frente a esto, los educadores no podrán quedarse atrás ni tomar una posición antagónica. Es bueno pensar en las bondades de los medios para servirnos de ellos como herramientas necesarias e insustituibles. Utilizar los medios como una manera de descubrir un mundo nuevo, de encontrar nuevas respuestas a nuestras inquietudes, de saber interpretar mejor los signos de los tiempos, de encontrar nuevas formas  de expresión de fe, de incursionar en el mundo de la ciencia y de la investigación y de fortalecer lazos de amistad en un mundo  deshumanizado, es algo verdaderamente esperanzador. 

No podemos quedarnos mirando al cielo esperando nuevos acontecimientos o resignados a ser arrollados por el torbellino de un mundo globalizado y globalizante que poco va a ayudar a la persona a encontrarseconsigo mismo en busca de una verdadera felicidad que no es sino una utopía quimérica.

No se puede pensar que todo lo que estamos haciendo hoy es cuestionable ni tampoco en que no aporta valiosos elementos de formación a nuestros niños y jóvenes. Lo que sí es cierto es que tenemos que cambiar y adelantarnos a los cambios que nos serán impuestos y que para lo que quizá no estamos preparados. Necesitamos educadores creativos capaces de utilizar el trampolín de los cambios sociales para lanzarse hacia el descubrimiento de las características de un futuro, asumiendo, desde ya, el reto que esto lleva consigo.

El reto mayor se nos presenta en la búsqueda constante de la unidad en la diversidad, basada en la paz y la justicia.

Hno. José Pereda Núñez