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Publicado en Vocacional


En primer lugar debo dar gracias a Dios por haberme puesto en este camino en el que he podido valorar el sentido del significado de ser Hermano.
Mi vida como Hermano de La Salle no ha sido fácil pero puedo asegurar que por ello no he dejado de ser feliz. Feliz porque me entusiasma transmitir mensajes de fe, de esperanza, de amor, de fraternidad y de servicio. Porque siempre he estado convencido de que ser hermano es ser amigo, ser cercano, ser compañero, entender al otro, sentir las necesidades del otro, acompañarlo en sus alegrías y penas.
Mis mensajes siempre han sido directos y respetuosos. He tratado de llegar a la gente con quien me he comunicado. He percibido que este mansaje ha llegado a quienes me han escuchado. He encontrado respuesta a mis planteamientos. He sabido que mis palabras dejaron un buen recuerdo y que ese recuerdo permanece.
Me he sentido querido, apreciado, respetado, tenido en cuenta y convocado a compartir como amigo.
Es cierto que me ha tocado asumir muchos retos en compañía de quienes los han venido compartiendo conmigo; siempre traté de vivirlos con paz y con mucha confianza en Dios. He tenido personas que me han animado y aconsejado en forma sincera y eficiente y esto hace que les recuerde con amor y agradecimiento.
Siempre me he esforzado por asumir las responsabilidades con humildad y sentido de servicio porque la arrogancia la prepotencia en el desempeño de las mismas, ha estado siempre lejos de mí.  El imponer no acerca a la gente ni se gana su confianza.
Creo no haberme sentido solo. Mi vida ha sido siempre feliz con los demás. He vivido mi vida comunitaria con pasión y esto me ha ayudado a disfrutar de la compañía de los demás, a orar con los demás, a fortalecer mi fe.
En mi mente no ha cabido la duda de que mi vocación viene de Dios y que es Él quien siempre está a mi lado. No he dudado de que ser Hermano de La Salle es cada día más importante.
He vivido momentos muy difíciles en condiciones de delicada salud pero siempre he contado a mi lado con personas que me han acompañado, animado y proporcionado todo tipo de atenciones y podría decir que hasta exageradas. Siempre doy gracias a Dios por esto.
Lo que sí deseo expresar es que toda persona que aspire a una misión como la que me ha tocado desempeñar a mí, debe asumirla y vivirla con alegría. Mi invitación a quienes deseen seguir este camino es clara y sincera. La Iglesia necesita de apóstoles y los Hermanos de La Salle necesitamos de gente generosa y entregada que se entusiasme con nuestra Misión.
Hno. José Pereda Núñez